“I like these cold, gray winter days. Days like these let you savor a bad mood.” Bill Watterson
“I like these cold, gray winter days. Days like these let you savor a bad mood.” Bill Watterson

Es quizás una de las aplicaciones que más utilizo y sin duda de las mejores que tenemos en Linux y en especial para el entorno KDE. Hay muchos reproductores, organizadores (llamarlo como queráis) de música para todos los sistemas operativos. Algunos con una fama inmerecida (ejem iTunes…) y otros menos conocidos pero con muchas más utilidades, más rápidos, sencillos y mucho más prácticos. Amarok es un claro ejemplo de este segundo grupo.
Escrito en C++ y con las librerías Qt es el reproductor que mejor se integra con KDE. Su evolución ha estado muy ligada a este entorno y a pesar de no formar parte del proyecto siempre ha ido cambiando y renovándose a la par que el escritorio. El cambio más importante fue su paso a la versión 2.0 donde sufrió un lavado completo de su interfaz y coincidió con el paso de KDE 3.5 a KDE 4. Muchas características se perdieron en esta actualización y todavía a día de hoy vemos que se están recuperando viejas features que ya tenía el antiguo Amarok 1.4. Sin embargo el cambio ha sido para bien, o así lo veo yo. De todas formas, para los más nostálgicos del antiguo Amarok siempre podéis echar un vistazo a Clementine, una buena alternativa para muchos.
La interfaz de Amarok está formada por tres columnas: orígenes de medios, donde podemos navegar por nuestra colección, cargar las listas de reproducción guardadas y acceder a servicios online (Jamendo, Last.fm, radios, podcast…); lista de reproducción, donde vemos las canciones que hemos seleccionado para reproducir; y contexto, la columna más personalizable de todas donde podemos ver las letras de las canciones, fotos, próximos eventos, información de la wikipedia e incluso partituras y acordes de la canción que se está reproduciendo. Todas estas columnas las podemos ordenar de la forma que más nos guste e incluso, si queremos un Amarok más simple, podemos eliminar la columna de contexto dejando únicamente las otras dos. Esto ya es cuestión de gustos.
Si algo se le puede echar en cara a este reproductor es su escasa compatibilidad con los iPod más recientes aunque esto ya se está solucionando en la últimas versiones. Por ejemplo, en la 2.5, de nombre Earth Moving que se liberó hace unos días, se ha mejorado la sincronización con estos estos dispositivos y con todos en general. Otra gran novedad de esta última actualización es la integración con Amazon para comprar música. Otro ejemplo más de lo vivo que está este proyecto. No me queda nada más por decir, salvo felicitar a las personas que trabajan en mejorar Amarok día a día e invitaros a probarlo.
No os podéis ni imaginar la de cantidad de números que hay. Pero ni vosotros ni nadie, hay infinitos. Pero solo unos pocos son grandes, solo ciertos números merecen la pena ser recordados. Por ejemplo, si os digo: 56.325.128 lo leeréis (algunos ni eso) y a los 10 segundos que tenemos de memoria a corto plazo se os habrá olvidado. ¿Por qué? Pues porque no es un número especial, no nos dice nada; no merece la pena acordarse de él, no es un gran número.
Otros, sin embargo, sí que los recordamos. Generalmente son número pequeños pero esconden grandes cosas tras ellos. Sin ir más lejos tenemos el dieciocho: 18. Es un número rebelde que en más de una lengua (no en la nuestra) da problemas. ¿Nunca os ha pasado de no saber si un inglés quiere decir 18 o 80? Pero a la vez es un número estable y noble: el Argón, de número atómico 18, lo demuestra. Y para los chinos es un número de buena suerte, significa que uno va a prosperar. Además en la mayoría de los países, al cumplir 18 se alcanza la mayoría de edad. ¡Cómo no vamos a recordad este número!
Que no es un número perfecto… vale, lo reconozco. Por eso los matemáticos lo definen como un número semiperfecto (y no es broma). Pero aún así es un gran número. Y si no os gusta pues os aguantáis, a mi me encanta. Eso sí, yo os deseo un feliz 18, un feliz dieciocho de diciembre.