Bitcoin, una idea genial (I)

Hace ya cinco años desde que el curioso y desconocido Satoshi Nakamoto (seguramente sea el psudónimo para un grupo y no una única persona) elaborara el protocolo de Bitcoin. En tan solo nueve hojas plasmó una idea genial: una moneda descentralizada sin bancos, estados o intermediarios. Un año después, el 4 de febrero de 2009 se creo la red y aparecieron los primeros Bitcoins.

Continuar leyendo “Bitcoin, una idea genial (I)”

De cómo un serrucho eléctrico se convirtió en un violín

No hay instrumento más horrible, ensordecedor, molesto y escandaloso de aprender que el violín. No exagero, para nada. La primera nota que aprendes a dar en un piano suena bien, afinada. El piano es un instrumento que te invita a tocarlo. Aunque no tengas ni idea de música, después de cinco minutos delante de uno puedes sacar incluso alguna melodía. Con el violín esto no pasa. Los más aventureros (e insensatos) que empiezan desde el primer momento con el arco, solo obtienen chirridos y ruidos grimosos que se asemejan al ruido que se produce al arañar una pizarra con unas uñas bien largas. ¿Quién en su sano juicio seguiría practicando en estas condiciones? La respuesta está clara: nadie. Por suerte para nosotros, o por desgracia para nuestros padres y personas a un radio de 2 Km, cuando empezamos a tocar el violín nuestro oído no está fino, por así decirlo. Vamos, que no distinguimos un la a 442 Hz de un claxon de un camión.

La cosa mejora con los años, si es que aún sigues tocando el violín. Lo que pasa es que, aunque ahora ya somos capaces de dar ciertas notas y de tocar “música”, todo suena mal. Da igual lo mucho que te esfuerces, todo suena mal. Mal no, ¡fatal! Hay que reconocer que no todo es culpa nuestra, también es del instrumento. Anda que no son malos los violines para aprender… Pero el verdadero problema es que es, en este momento, cuando empezamos a “afinar” nuestro oído y nos damos cuenta de lo mal que tocamos. Aquí mucho lo dejan, y con razón. Los más tercos seguimos unos años más.

Pasados seis años desde que hicimos la prueba para entrar al conservatorio, y mientras nuestros compañeros pianistas, flautistas, guitarristas, clarinetistas y un sin fin de istas más ya están tocando perfectamente, nosotros empezamos a tocar. Sin ningún adjetivo detrás, simplemente a tocar. Y lo más importante, a disfrutar tocando. ¡Qué duro es ser violinista! Pero que instrumento más precioso y agradable.

Aurora Polaris

Hace unos meses escribí un relato corto: Aurora Polaris. La idea surgió después de leer una noticia sobre las tormentas solares que iban a llegar a la tierra en el período de máxima actividad solar. Siempre ha sido un tema que me ha gustado mucho, sobre todo después de indagar y leer sobre la tormenta que hubo en el 1859.

El relato lo presenté al XX concurso de cuentos de la fundación Valentín Andrés y hace unas semanas (ni me acordaba ya del concurso…) me llamaron para decirme que había quedado tercero.

La entrega de premios se llevó a cabo en la casa de la cultura de Grado. Fue un tanto caótica: niños llorando, carteles de publicidad rompiéndose, móviles sonando… pero hay que quedarse con lo bueno: el discurso de uno de los ganadores de la categoría de adultos (divertidísmo) y la intervención de la escritora Blanca Álvarez mientras se peleaba con el micrófono y los cables del suelo. El premio fue un diploma, un lote de libros y la publicación del cuento.

Aquí os dejo el relato, tal y como lo escribí y no como lo publicaron, por si queréis leerlo.

Aurora Polaris