Summer (Cover)

Hace mucho que no escribo nada sobre música. Demasiado. La cuestión es que ordenado partituras me encontré con una que llevaba ya unos cuantos meses sin tocar y eso que me gustaba mucho. Así que después de leerla un par de veces, cogí la cámara y la grabé. Espero que os guste!

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Un poco de Bach y Rachmaninov

Los que me conocéis ya desde hace unos años sabéis que estoy estudiando violín y piano en el conservatorio. En el antiguo blog dedicaba muchas más entradas a Linux y al software libre pero de vez en cuando escribía algo sobre música. Ahora que tengo este blog, con una temática mucho más variada, ya iba siendo hora de que compartiera con vosotros algunos de mis conciertos. El primer vídeo es el adagio de la Sonata nº 1 de J.S.Bach y el segundo es el momento musical nº 3 de Rachmaninov.

Rachmaninov

Piano

“The new kind of music seems to create not from the heart but from the head. Its composers think rather than feel. They have not the capacity to make their works exalt – they meditate, protest, analyze, reason, calculate and brood, but they do not exalt.”

— Sergei Rachmaninov

Un concierto más

Empieza a entrar la gente. Ya es tarde, ya no hay tiempo para mirar ni repasar nada más. Comienza el concierto. Los más pequeños empiezan a tocar, mientras los recién llegados, ya acomodados, se arrepienten de haberse metido en aquella sala. Algún osado se atreve con la meditación de Thais, el resto toca lo de siempre.

Cada vez falta menos. Aumentan los nervios y las manos empiezan a llenarse de un sudor frío y pegajoso. A la vez se respira un poco más de tranquilidad porque los padres de la niña que tocó al principio ya han dejado de usar todo su equipo fotográfico (dos cámaras de fotos y una de vídeo, alucinad).

Llegó la hora. Te toca y ya no hay opción de coger las partituras. Las has dejado bien lejos a propósito para evitar la tentación en los minutos finales: ¡hoy hay que tocar de memoria! El principio es lo peor. Es imposible coger el tempo perfecto con el que llevas estudiando tantas horas y durante tantos días, no con las pulsaciones por las nubes.

Y suena el acorde: Sol Re Si♭ Sol. No lo disfrutas al principio porque estás pendiente de si la gente nota que te están templando las rodillas, pero a medida que avanza el adagio empiezas a escucharte, a concentrarte en cómo suena cada nota, cada acorde, cada trino…

Sol Re Si♭ Sol… y se acabó. Cuando de verdad empezabas a disfrutar con lo que estabas tocando ya no te queda más música…

De cómo un serrucho eléctrico se convirtió en un violín

No hay instrumento más horrible, ensordecedor, molesto y escandaloso de aprender que el violín. No exagero, para nada. La primera nota que aprendes a dar en un piano suena bien, afinada. El piano es un instrumento que te invita a tocarlo. Aunque no tengas ni idea de música, después de cinco minutos delante de uno puedes sacar incluso alguna melodía. Con el violín esto no pasa. Los más aventureros (e insensatos) que empiezan desde el primer momento con el arco, solo obtienen chirridos y ruidos grimosos que se asemejan al ruido que se produce al arañar una pizarra con unas uñas bien largas. ¿Quién en su sano juicio seguiría practicando en estas condiciones? La respuesta está clara: nadie. Por suerte para nosotros, o por desgracia para nuestros padres y personas a un radio de 2 Km, cuando empezamos a tocar el violín nuestro oído no está fino, por así decirlo. Vamos, que no distinguimos un la a 442 Hz de un claxon de un camión.

La cosa mejora con los años, si es que aún sigues tocando el violín. Lo que pasa es que, aunque ahora ya somos capaces de dar ciertas notas y de tocar “música”, todo suena mal. Da igual lo mucho que te esfuerces, todo suena mal. Mal no, ¡fatal! Hay que reconocer que no todo es culpa nuestra, también es del instrumento. Anda que no son malos los violines para aprender… Pero el verdadero problema es que es, en este momento, cuando empezamos a “afinar” nuestro oído y nos damos cuenta de lo mal que tocamos. Aquí mucho lo dejan, y con razón. Los más tercos seguimos unos años más.

Pasados seis años desde que hicimos la prueba para entrar al conservatorio, y mientras nuestros compañeros pianistas, flautistas, guitarristas, clarinetistas y un sin fin de istas más ya están tocando perfectamente, nosotros empezamos a tocar. Sin ningún adjetivo detrás, simplemente a tocar. Y lo más importante, a disfrutar tocando. ¡Qué duro es ser violinista! Pero que instrumento más precioso y agradable.