Un concierto más

Empieza a entrar la gente. Ya es tarde, ya no hay tiempo para mirar ni repasar nada más. Comienza el concierto. Los más pequeños empiezan a tocar, mientras los recién llegados, ya acomodados, se arrepienten de haberse metido en aquella sala. Algún osado se atreve con la meditación de Thais, el resto toca lo de siempre.

Cada vez falta menos. Aumentan los nervios y las manos empiezan a llenarse de un sudor frío y pegajoso. A la vez se respira un poco más de tranquilidad porque los padres de la niña que tocó al principio ya han dejado de usar todo su equipo fotográfico (dos cámaras de fotos y una de vídeo, alucinad).

Llegó la hora. Te toca y ya no hay opción de coger las partituras. Las has dejado bien lejos a propósito para evitar la tentación en los minutos finales: ¡hoy hay que tocar de memoria! El principio es lo peor. Es imposible coger el tempo perfecto con el que llevas estudiando tantas horas y durante tantos días, no con las pulsaciones por las nubes.

Y suena el acorde: Sol Re Si♭ Sol. No lo disfrutas al principio porque estás pendiente de si la gente nota que te están templando las rodillas, pero a medida que avanza el adagio empiezas a escucharte, a concentrarte en cómo suena cada nota, cada acorde, cada trino…

Sol Re Si♭ Sol… y se acabó. Cuando de verdad empezabas a disfrutar con lo que estabas tocando ya no te queda más música…

11-11-11

Interesante día el de hoy. Las fechas no dejan de ser un invento humano; no hay más que ver la de calendarios distintos que existen (chino, budista, hindú…). Pero hoy es un día diferente. Es un día especial porque, a no ser que cambien el sistema para numerar las fechas (en nuestro calendario), nunca se repetirá una fecha tan divertida como  la de hoy: 11-11-11. Digo divertida porque si nos paramos a pensar nunca se va a repetir ninguna de las fechas que ya hemos vivido.

Y aún más interesante es el día cuanto te levantas, y sin hacer sol ni estar lloviendo, ves un arcoíris enorme por la ventana.

Aurora Polaris

Hace unos meses escribí un relato corto: Aurora Polaris. La idea surgió después de leer una noticia sobre las tormentas solares que iban a llegar a la tierra en el período de máxima actividad solar. Siempre ha sido un tema que me ha gustado mucho, sobre todo después de indagar y leer sobre la tormenta que hubo en el 1859.

El relato lo presenté al XX concurso de cuentos de la fundación Valentín Andrés y hace unas semanas (ni me acordaba ya del concurso…) me llamaron para decirme que había quedado tercero.

La entrega de premios se llevó a cabo en la casa de la cultura de Grado. Fue un tanto caótica: niños llorando, carteles de publicidad rompiéndose, móviles sonando… pero hay que quedarse con lo bueno: el discurso de uno de los ganadores de la categoría de adultos (divertidísmo) y la intervención de la escritora Blanca Álvarez mientras se peleaba con el micrófono y los cables del suelo. El premio fue un diploma, un lote de libros y la publicación del cuento.

Aquí os dejo el relato, tal y como lo escribí y no como lo publicaron, por si queréis leerlo.

Aurora Polaris